SOLIDARIOS EN CORRUPCIÓN

Ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Uruguay, representado por el canciller Rodolfo Nin Novoa, realizó el último discurso del Gobierno del Frente Amplio para el mundo.

Aprovechando esa oportunidad única de posicionamiento de tribuna global, Uruguay no desperdició el momento de agradecer a Venezuela todas las oportunidades que nos brindó en estos 15 años, de realizar negocios sospechados de corrupción que involucraron desde los más altos cargos de Gobierno, sindicalistas, políticos hasta empresarios ideológicamente afines de primera, segunda hasta tercera línea.

Los empresarios honestos que confiaron que ese proceso podía ser una oportunidad para expandir la producción uruguaya, terminaron fundidos y aún no pudieron cobrar.

Pero esta vez, no importaron las denuncias de violación de los Derechos Humanos que pesan sobre Venezuela o que haya sospechas de la vinculación del país caribeño con el narcotráfico internacional o que el Presidente Nicolás Maduro haya dicho que el ex presidente José Mujica es un “estúpido”, por decir que el régimen era una dictadura.

Quizá pensando que nunca más volvería a estar en una Asamblea General de ONU, Nin Novoa, tuvo que salir a dar pelea y dejar a Uruguay en el radar de los los países cómplices de la corrupción del régimen de Maduro.

Muchos ciudadanos, uruguayos y extranjeros, se preguntan qué lleva a Uruguay a ser tan perseverante en la defensa.

En realidad, no podía ser de otra forma, porque todos los negocios que se han hecho con Venezuela han terminado mal, ninguno pudo ser investigado y los bolsillos de varios personajes uruguayos quedaron llenos.

Durante todos estos años, Uruguay terminó expoliando a Venezuela y recibió dinero clandestino que sirvió también para financiar, en parte, campañas políticas.

Era lo que se atribuía a un plan del Comandante Hugo Chávez, que pretendía crear una Latino América revolucionaria y socialista, sin reparar en los medios para conseguirlo, fueran lícitos o ilícitos. 

Fueron muchos los beneficiarios y cientos de millones de dólares han quedado en el camino que, en realidad, formaban parte de la riqueza de los venezolanos.

Algún día alguien tendrá que investigar qué pasó y adónde fue a parar el dinero. Quizá nunca se sepa.

El canciller Nin Novoa, mandatado por el Presidente Tabaré Vázquez, no tenía otra opción que pararse ante el mundo y decir nosotros también somos Venezuela.

Con todas las denuncias de corrupción que involucran a los dos países, faltó decir 

sepan todos que “entre bomberos no podemos pisarnos la manguera”. .

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