SOSPECHAS DE CORRUPCIÓN NO SOLO SON PARA LAS EXPORTACIONES, TAMBIÉN PARA LAS IMPORTACIONES

Desde hace varios días, la Dirección Nacional de Aduanas está en el ojo de la tormenta por la falta de control que existe en las fronteras para la salida de mercadería. Pero algo no funciona bien en el Estado uruguayo. Hay sospechas de gran corrupción. Las alarmas se encendieron a nivel internacional.

En primer lugar, para las exportaciones los controles son aleatorios. Es decir, que los documentos que se presentan por parte de los despachantes de Aduanas, pueden ser revisados o no. Depende si en el sorteo, sale el color rojo ( se revisa documentos de la exportación y el contenedor), si sale amarillo ( se revisan documentos y si hay alguna duda el contenedor) y si toca verde (no se revisa nada).

A partir de ahora, por todo lo que está ocurriendo, dicen que van a modificar, en parte, los controles en Uruguay. Lo único cierto es que en el exterior sí hay cambios. Todo contenedor con mercadería que llegue desde Uruguay pasa a la lista de alerta roja, Se revisa obligatoriamente, con los respectivos costos que se suman a los que tiene el exportador.

Hay otro aspecto en el que también intervienen los despachantes de Aduana: en las importaciones de mercadería.

Hace unas pocas semanas, pasó algo que resulta sospechoso. Ocurrió con el consorcio elegido para la construcción del ferrocarril central entre Montevideo y Paso de los Toros. El Consorcio Grupo Vía Central fue quien ganó la licitación que adjudicó el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, a cargo del Víctor Rossi. El grupo está integrado por las empresas NGE con el 27% (capitales franceses), Sacyr con el 40% (española), Berkes con el 6% (uruguaya) y Saceem (también empresa local) con el 27%.

Las empresas uruguayas, desde siempre han trabajado con dos despachantes de Aduanas. Suficiente para ocuparse de toda la operativa que se necesita para importar el material necesario para la ejecución de las obras del nuevo ferrocarril.

Sin embargo, desde el Gobierno llegó la orden de incorporar otros tres despachantes de Aduanas de “confianza” para que se sumen a la operativa. Al final serán entonces 5 despachantes de Aduana. Lo que parece exagerado.

Esa confianza a la que apela el Gobierno con sus amigos, ¿querrá decir que van a importar cualquier otra mercadería y los despachantes de Aduanas de “confianza”, dejarán pasar cualquier otra cosa que no tenga que ver con la obra sin controlar?.

Las obras van a demorar 3 años, tiempo suficiente para que, en nombre del ferrocarril central y con los amigos de confianza del Gobierno, ingrese al país cualquier otra mercadería para beneficio de algunos y lo terminará pagando el Estado. Como están dadas las cosas, no hay mucha justificación para esta decisión que se tomó. Todo puede pasar.

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